lunes, 17 de octubre de 2011

¡Empecemos!

El diecisiete de octubre del dos mil once. Sí, justo, hoy, quiero empezar y como bien dice comencemos la travesía de compartir cada día de esta vida que día a día sobrellevo sin saber cómo, me encuentro en aquello que se llama DE CI SIO NES ¡sí! Esta palabra de tan solo cuatro sílabas que es tan importante para mí. Soy una joven en el inicio de la vida, digamos que en el inicio de su juventud y en esta corto tiempo de vida me ha tocado todo tipo de situaciones, no solo por todo lo que me ha tocado vivir, sino por el hecho de haber hecho tantas cosas, que la memoria hasta a veces no me deja recordar con exactitud por todos los lugares en los que estuve...¡Uf, son tantos! Quería que mi vida al terminar la llamada escuela secundaria, fuera simplemente diferente. Yo, por fin habría terminado la etapa escolar, siendo la buena amiga y la típica chica que hacía reír a las personas (soy graciosa, creo), estuve en ese colegio desde inicial, así que toda mi vida se torno en las mismas personas, muchos se fueron, otros llegaron, pero yo siempre estuve ahí, algunos regresaban y me decían aún estás aquí... Escucharlos decirme eso no me hacía daño, tan solo me hacía sentir TON TA, porque yo era la que no quería salir de ese lugar, me había acostumbrado a estar ahí y bueno salir no estaba en mis planes. Conclusión era más que monce, era la chica que tenía miedo a salir, a conocer personas, era la insegura, la chica de la clase que caía bien, era la alumna con promedio medio (nunca sobresalía), era aquella que con tener notas aprobatorias era feliz . Sí, no era ese tipo de persona que quería estar primera en todo, ¡no!, quería pasar desapercibida y todo eso era gracias a mi baja autoestima. Pero, eso solo sucedía en ese lugar, porque en casa, yo, era la hija más linda de mi mamá, la hermana más molestosa para mi hermano, la joya de mi papá y la hermana pequeña de mi hermana. Y yo era feliz, en casa, era YO. Feliz, sonriente y siempre con ganas de molestar, hacer que mi familia fuera feliz lo era todo para mí y así es hasta ahora. Aunque digamos que las cosas no siempre son color rosa, hay momentos en los que problemas de todo tipo aquejan la armonía que pueda haber, pero con que todos fueramos felices en casa, yo iba a soportar el colegio aún más. Pues, digamos que estar en aquel lugar durante catorce años no es poco. Todos me conocían ahí, bueno no los profesores nuevos, que luego, luego se acostumbraban a mi presencia. Y así... empiezo «Aquello que no quieres oír», dónde quiero albergar cada uno de mis buenos momentos, tal vez los malos, tal vez aquellos que hayan hecho que me avergüence, aquellos que quiero olvidar, aquellos que me dieron miedo y por qué no llegar a cada rincón de aquellas personas que tal vez pasaron lo mismo que yo o que pasan en este momento lo que a mi me sucede, aquello que siempre es bueno compartir y que no quieres oír. ¡Empecemos...!

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